martes, 30 de octubre de 2012

Que hubiera pasado si......



Obviamente mi vida sería distinta. ¿O no? Tal vez el destino se hubiera encargado de llevarme al mismo lugar. Jamás lo sabré. Siempre me quedará la duda, husmeando por mi consciencia repiqueteando con sus preguntas y sembrando una duda que crece cada vez que me remito a ese día, en esa hora, justo en ese minuto que decidí. Porque decidimos, aunque algunos no quieran asumirlo.

Y de eso depende todo.

¿Qué hubiera pasado ese día? ¿Cuán distintas serían las cosas hoy?

Tal vez sea una pregunta con trampa pues uno es lo que es producto de sí mismo, lo cual lleva a tomar las decisiones de una manera particular. Soy esa cadena de decisiones que constituyen la historia de cada uno. Pero ese día…

Sabía que las cosas eran blancas o negras. Cara o seca. Izquierda o derecha. La flecha indica y el pensamiento determina. La historia se construye y uno puede arrepentirse en algún punto del camino. Los balances de fin de año nos llevan a reflexionar sobre las circunstancias que hemos atravesado a lo largo de estos días que ya han pasado por nuestras manos. Tal vez no exista arrepentimiento y ello sería una excelente señal.

La libertad es una gran dificultad. Un arma de varios filos, tantos como las opciones posibles. Ella es un problema cuyas responsabilidades pueden ser eternas, una detrás de otra. La libertad es una especie de ruleta rusa, si se toma a la ligera o se burlan de ella. Pues el otro camino se desconoce y las proyecciones son absurdas, ya es tarde.

Algunos corazones se lamentan por no haber pensado a tiempo.

Y la vida les ha cambiado. Ahora intentan torcer el camino que ellos tomaron aquel día, con esa decisión. Tan simple como compleja, tan torpe como brillantemente inteligente. Cruzar la calle sabiendo que no es lo adecuado. Dar un paso en falso y serle infiel al mismísimo mundo de pareja. No tiene sentido marcarle la cantidad de opciones que pueden existir cuando se tienen que tomar las decisiones. Sólo es conveniente asumir la responsabilidad y mirar hacia delante, y sin dudas, hacia atrás. La decisión de hoy es crucial, y depende del pasado que la ha construido.

Las encrucijadas son secuelas de un pasado dubitativo.

Y las preguntas como ésta son secuelas de un escritor cansado de pensar por qué llegó a este punto.

¿Cuándo decidí escribir esto?










domingo, 28 de octubre de 2012

En tiempos de tanto placer y beneficios..más depresión.




Nunca termino de saber si vivimos mejor o peor. No termino de entender una ecuación matemática, las cuentas son claras pero me dan al revés. A mayor placer y más comodidades la gente razonable debería vivir mejor. Sin embargo, y con horror, me sigo dando cuenta que vivimos peor que antes. Y cada vez empeoramos el tramo.

No entiendo al ser humano. Ni sus dudas ni sus costumbres. Algunos y algunas le temen al amor, eligen lo peor y después se quejan. Otros tantos padecen el maltrato y se quedan a esperar la mano que viene a pegar, en vez de buscar una caricia. A la gente que se olvida, le cuesta recordar, no quieren ni pensar que sus males están dentro. El beneficio es cierto, el placer llega a ser abrumador. Es que ya no tienen corazón, entonces les late el espacio vacío.

Cuando las venas se llenan de sangre, la ansiedad, que no es cobarde, domina el panorama. Encierra al alma, no la deja disfrutar. Cuando todo está al alcance de la rama, es parte del mismo árbol, el pájaro en mano se vuela sin rumbo ni destino. Estamos desarmando la historia. Cuando en sus principios nos enseñaban que la vida se trataba de encontrar la mejor manera para vivirla. Y que las épocas de vendimia traían alegría y festejos. Hoy, en este enorme desierto, todas las fiestas terminan a las trompadas. Alguno se emborracha, otros tantos consumen sus drogas. Mientras, en las sombras pasan cosas que no debieran. Ya ni en la escuela los chicos la pasan bien. Una depresión que ya se sienta en los primeros bancos de primer grado.

Cuando sólo estaba en las manos de los ancianos retirándose de este mundo.

Un efecto rebote. O somos hombres rebotando en los efectos. Tanto han fragmentado las cosas que el placer y la alegría no son compartidas, ni partes de una felicidad mayor. Duele el amor porque se siente demasiado. El miedo se ha apoderado de las sanas costumbres. Y por podredumbre la gente se lastima. Por las dudas. Por si se olvida y cree que sentir baja la guardia.

La sensibilidad no mata ni te hace más vulnerable. El amor se comparte, sino es puro narcisismo. El dolor se ha sentido, la perdida es incontrolable, la muerte es gobernable sólo cuando es la de uno. La soberbia se hizo cobarde y la omnipotencia nos ha lavado la cabeza. Haciéndonos creer que podemos contra todo eso, y sólo morimos empobrecidos.

La gente no ha sabido disfrutar. No ha podido armar las cosas para vivir mejor. El placer y los beneficios terminaron trayendo más y más depresión. Posiblemente porque le tenemos mucho miedo a vivir.

Y con la mano en el corazón, es una barbaridad que no sepamos hacerlo.








Pies sangrantes. Un paso que duele.




Sus pies dejaban una huella propia de su identidad. Una particularidad que pronto habría de cambiar su historia. Un secreto haría que sus marcas llevaran la sangre sin secarse. Una dificultad que no coagula. Un psiquismo que se desangra, gota a gota.
Aunque siempre fuera un poco transgresora y de cuidados supiera poco, esa noticia la haría cambiar para siempre, más de lo que quisiera. Desde allí una sucesión de acontecimientos que se le fueron de las manos, como las gotas que se derraman entre los dedos sin poder siquiera agarrar alguna. Su mente estaba colapsando, ya no podía procesar las circunstancias que su vida estaba atravesando. Las ideas no se podían imponer con fuerza suficiente. Unas decisiones drásticas marcarían con fuego en su alma una huella. Aquel bebé que nunca nacería.

Es terrible el poder del sufrimiento. Puede torcer las vías naturales de la mente y del cuerpo. Las emociones son torrentes que se canalizan, inundan y desarticulan. El daño producido busca incansablemente un responsable. Y ella siempre cae en la volteada. Un perdón que no llega. Un silencio que enmudece su vida, de a poco. El secreto la condena a un calvario, posiblemente injusto. Ella sabe más de lo que dice. Ella silencia sus días. Tal vez le teme a las voces que escucharía.

Pero no se da cuenta que sus formas de pensar ya no son las mismas. Acusa despiadadamente a los demás, por la falta de comprensión. Llora por todos los rincones de su alma. Ya no sabe qué esperar y espera todo de los otros. Se ha vuelto injusta. Sus pasos le duelen. Llevar a cuestas su historia hace sumamente dolorosos todos los pasos que debe dar, para continuar con una farsa que sola ha construido. Sin darse cuenta que en la soledad no hay compañía posible, ni comprensión ni consuelo. Sus voces la acusan. Y se llena de odio. Rencor implacable. Perdones ausentes. ¿Paz en plena guerra?
Quien guarda un secreto manchado debe saber que esa sangre no se seca y no forma cicatriz. Se mantiene fluida esperando un derramamiento, como en cualquier salvaje matanza. Una masacre en su psiquismo. Unas cuantas puñaladas en el cuerpo. Y los dolores que infectan esas zonas que delatan las matrices contaminadas por el mismo secreto. Que grita furioso. Quiere salir.

Las piernas no aguantan el peso de la ley. La mente ya no tolera ese espacio usurpado por el vacío. El pensar en paz se ha vuelto una tortura y ese es el verdadero sufrimiento que debe ser cuidadosamente curado. Las rodillas no pueden amortiguar. Y los tobillos se quiebran. Mientras los órganos de la vida no pueden engendrar ni siquiera a un Adán o una Eva. Los comienzos se vuelven finales. Exámenes impasables, por la mirada del otro. Mirar cara a cara se ha vuelto un enfrentamiento a duelo con la muerte, en el espejo. Esos pies se tuercen en el camino. Chuecos, planos y sin sendero. Se arquean y duelen mucho.

Sangran, como su psiquismo a cuenta gotas. Desarmándose en cada paso, en cada crisis de angustia. Mientras la fachada crea una farsa que ya pocos creen. No son malas personas aunque se sientan así. Nadie juzga ni siquiera sus pecados, pero se atormenta en las peores trampas del mar abierto. No llega a la melancolía, pero se encierra en otras enfermedades, que ya no la alimentan.

Esos pasos duelen. Sus huellas en sangre hablan de un secreto que deja su marca. En su psiquismo, enquistado en su cuerpo. Desgarrando la piel de su familia. Ácido corrosivo, silenciado por un pacto con el diablo.
Se siente, lo sienten. Sabe que es óxido que se come cualquier metal, por más dura que sea la estructura de sus huesos. En carne viva la angustia se contrae.

Mientras los pasos duelen. Y las huellas hablan por demás.

Una denuncia escrita con su propia sangre.









La mente no tiene límites.




La mente no tiene límites. Su poder es increíble, su poder puede ser abrumador. Su poder aún es desconocido en sus reales dimensiones. La mente no conoce las barreras que el cuerpo o la realidad intentan ponerle, de vez en cuando. Todo lo puede crear, todo lo puede imaginar, todo lo ha de soñar y, luego, solo queda realizarlo. Como un océano que alberga todo un mundo de especies, esa es la mente en su tamaño ejemplar. Porque puede reciclar, puede crear y volar. Puede hundirse y sumergirse, puede desaparecer y hasta enloquecer a su dueño. El alma no tiene consuelo, pues no siempre puede dominarla.

Muchas cuestiones se han abierto a lo largo de la Historia. De las cosas que se sucedieron sólo hay una responsable. La mente innegable que ha pergeñado todos los sucesos y sus aconteceres. Episodios inéditos, relevantes y sanguinarios. Salvajes y santos. Todo es obra de sus manos, en un cuerpo encarnado, que no logra contener semejante poder, tan inabarcable fuerza. La que despega, la que se eleva. Aquella que puede lograr una santificación, o la creación del mismísimo infierno. En la tierra.

Sola llega hasta el último rincón del Universo. Puede acercarse al cielo y sentarse a la derecha del Dios padre. Puede darle una imagen y vendérsela a millones de personas. Moviendo multitudes, arrojarlas a una cámara de gas. Maltratarlas y matarlas. Ella puede ser la locura máxima, la enfermedad intensa, la locura perversa, o pura e inocente. La mente todo lo puede, y debemos empezar a entenderlo. Porque sino nos convertiremos en simples sabuesos que no logran llegar a la presa. Una mente que despeja las grandes maravillas del mundo, que investiga con futuro cómo fueron las cuestiones del pasado. Que ha inventado los grandes misterios del Universo, mientras esconde en el letrero las claves de esas preguntas. Una burbuja que puede mantenerse aislada, que puede salir y abrazar a la muerte que pasa de visita. Y llorar muchas horas tendida en una cama, de la cual no levantarse jamás. La mente puede tirar una vida por la borda. Y salvar a otras en el mismo segundo. Una porción del mundo se le debe a sus ganas.

La mente casi no es humana. Por lo menos, la conocemos muy poco. Para ser sus dueños, somos ignotos dueños desorientados. Incapaces de tener entre manos un recurso tan poderoso, y saber utilizarlo para un fin generoso. Por eso entiendo que pocos sean los que han comprendido, que el mundo en ella contenido es mucho más potente que millones de bombas nucleares.

El átomo de ella sale. Y de ella nació la libertad. La que te permite escapar todos los días de la jaula. Por más cotidiana que se haya vuelto tu vida. La mente practica y sabe que su poder es inconmensurable. No es subestimable. No puede ser encerrada. No puede ser aniquilada, porque sobrevive entre los demás. Una idea es ejemplar, es parte de sus productos. No muere con el indulto, no deja de caminar este mundo.

La paz en un minuto, se logra. Si la mente recobra los cabales reales de una vida.

Sólo hay una medida, la dada por el silencio. En esa pausa no hay secretos, allí la mente descansa. O se atrapa en su propia trampa.

Silenciar el alma. Aquietar el cuerpo.

Y la mente queda en silencio.

Mientras su poder continúa la obra, de Dios.









jueves, 25 de octubre de 2012

El destino está escrito, pero no entiendo la letra.



 

Se ve que hay algo de todo esto que nunca entendí. Dicen que el destino está escrito, pero no entiendo la letra. A veces pareciera que sí, pero pronto me doy cuenta lo equivocado que estaba. Será que la lluvia empapa las hojas escritas con una tinta extraña. Que se borra a simple vista.

Que gracioso pensar que ya está todo escrito. Y sólo soy un personaje de ficción tratando de actuar en su mejor obra, un espectáculo que otro escribió y no me consultó para nada. Algunos actores intervienen en el texto, a mi no me dejan ni abrir la boca. Será que lo puedo arruinar todo, o simplemente debo remitirme a la vida, mientras otro ya me ha escrito.
En algún momento sentí una carcajada a mis espaldas. Pensé que era el escritor que se burlaba un poco de mis ganas de improvisar. También escuche muchos insultos y algunas quejas, era el mismo que se reía, pero ahora bufaba de los cambios que le había introducido al libreto. Modificaciones en la escena, por algunas malditas decisiones que ni él ni yo entendemos. Alguien debe haber sido co-autor y no nos habían avisado. Firma como “el amor” y su sobrenombre es “sentimientos”. A ese si que no lo entiendo, pero no es una gran novedad. Si no puedo leer la letra de mis textos, mucho menos podré leer los sentimientos que el amor ha escrito. Con sabias letras de imprenta.
Dicen que escribe ciencia ficción. Cosas que en la realidad nunca suceden.

Tiene picos de raiting, debe ser el éxito que lo acompaña. Pero su maldad está en la fama, de esas que no se encuentran, pues las estrellas famosas nunca caminan como uno por la calle. ¿Será que pasa con disfraces por mis propias narices y no me doy cuenta? Esto se lo escribo a una amiga, que tiene peor letra que la mía y nunca entiende ni una palabra. Sé que le han leído, pero igual no ha comprendido cómo son las cosas.

El destino está escrito y no entiendo sus palabras. Escribe con letras distintas y una más torcida que la otra. Empieza con mayúsculas prometiendo una gran obra. Y con los años que transcurren el renglón ya no le alcanza, o las letras se han caído. Debe haber sido el tiempo, que no sabe detenerse nunca. Hasta que no llega al final y todas las cosas terminan. Las subidas y sus caídas coinciden con mis visitas a los muchos estados de ánimo. Una línea intenta circunscribir mi vida a una recta. Que no puede ser aunque lo intenta. Con un principio y su final.

A vos te digo, que estás leyendo. ¿Entiendes algo de esa letra?

Allí están todas tus respuestas. No te sientas analfabeto.
Es un idioma obsoleto, plagado de trampas e intrigas.

El destino está escrito. Me he dormido leyendo.

No te duermas en el camino, ni pases la página antes de tiempo. Las hojas que han pasado no volverán. Y puede llegar el final sin que hayas entendido mucho.

Déjate llevar por tus sentimientos, te conservan el pulso y el corazón latiendo. No te dejes atrapar por el amor, sólo déjate caer en esos brazos cuyas manos saben escribir en las hojas nuevas.

Las del comienzo.











domingo, 21 de octubre de 2012

Un amanecer. El vuelo se ha iniciado.




Las primeras gotas del sol, salpican tus ojos con una mirada. El rocío de tus noches inunda con pasiones los bordes del alma. Los primeros rayos anuncian la iniciación de un vuelo; el comienzo del mañana. Todo principio sólo es el fin de una etapa; las noches y sus sombras se fueron a dormir en el refugio de tus brazos, de donde nunca debieron salir.

Son tiempos de transformaciones. Son momentos de intensa vitalidad. La duda aún se pasea entre nosotros. Los miedos siguen aullando prisioneros de sus propias virtudes. Tus ojos acostumbrados a la noche, duelen al mirarme a la cara. Son los rayos de una nueva luz, los que mojan tus pies mientras suben hasta tu espalda. Por detrás suyo, las sombras se pierden en el camino; por delante de ti un nuevo sol despeja el cielo, tu próximo destino.

Ondulante y petulante; sórdida e inocente. El mar acaricia tus manos cuando te arrodillas a acariciarle. La inmensidad te rinde pleitesía. Ceremoniales y protocolos se juegan en las nubes de los cielos. Una infancia que se aleja triste; una sirena que despliega sus alas.

En el horizonte las cosas se ven lejos. En tu presente solo te veo en un espejo. Que con esfuerzos apenas alcanza a darte lo que puede de un reflejo. Tu rostro en el mar se funde. Un espejo a tu medida. Profundo, eterno y en movimiento. Así será tu vuelo en el amanecer de los espejos. Infinito como sus imágenes. Sereno, puro y sincero.

Aún se observan a lo lejos, resabios austeros de viejos modelos. En este mundo los llamamos miedos, desde lo alto, son sólo amigos pasajeros. La jaula se está abriendo, las prisiones ya no son un peso. Sólo cielos repetitivos, con cada vez menos tiempo.

Un viejo maestro me ha enseñado. Que en el vuelo nunca debe mirarse atrás. Sólo los extremos de tus alas son el límite, lo ajeno. Rodeada de hipocresías viviste, llena de grandes misterios. Dolores, heridas y sangre. Agua de tu costado fluyendo. Una cruz quiso marcar tu camino; pero nunca podría interrumpir tu vuelo.

Lejos de toda estructura; aún viven tus sueños. Aquí, mientras tanto, todos brindamos por las noches sin consuelo. Un camino de Consciencias, en busca de lo pleno. Sólo quien amplía la mirada, merecerá contemplar lo eterno.

Ya antes te pedí coraje, hoy sólo te contemplo. Las llamadas a un teléfono sordo sólo son ganas de compartir un vuelo. La pluma en el contestador escucha la ausencia de sus sueños. Entonces sólo se pregunta si esa mujer estará en vuelo. Mira lejos hacia el cielo, su mirada no alcanza, debes volar lejos. Pero su corazón late, ¡es verdad! Estás en vuelo. Donde el sol te acompaña y mira con ojos ingenuos, mientras las lágrimas se funden en un mar completo, de soledades y alegrías de verte tan llena del cielo. Orgullosos te siguen los bordes del desfiladero, que ya no atormentan a tus pasos con una amenaza embriagada de pasiones y desconsuelos. El calor solo te abraza, como esas sábanas que luchan contra el frío de los inviernos, impotentes soldados, peones sin tablero. Inocentes que buscan acallar la alegría de ese corazón, el tuyo. Lo nuestro.

Las brisas se acurrucan sobre las olas. Pequeñas contemplando a esa hermosa sirena, que deja atrás su pasado en las profundidades, y se refugia en las plumas del despliegue, de sus alas, en  las manos de sol saliendo. Le diste luz a la luz, fuego al incendio, paz a la paloma, amor a todos ellos. Las cadenas ya te extrañan, no tienen sentido sin tus dedos, que atados a ellas estaban, juntos y solos en un desierto.

Los dados ya han marcado. Un número nuevo. Tus pasos ya han saltado, se transforman en consuelo. Para todos los que no se animan, aún al nacimiento. Muchos podrán seguirte, seguro, sin saberlo. Llevas alegría a quienes esperan cada encuentro. No te refugies ni te escondas, en las noches de lágrimas y lamentos. No temas que jamás estarás sola. Solo pide el mejor cielo. Para un amanecer enorme, el del fuego.

Ya se acerca la hora de que el amanecer vaya muriendo. Sólo así dará a luz, al verdadero nacimiento. La mirada de una mujer. Sus alas en pleno vuelo.


A aquella mujer que aún no se anima a emprender el vuelo que tanto ansía.  Para que las alas del corazón se desplieguen en plenitud, amor y eternidad.

Elegí este mundo?



Yo no elegí este mundo, pero mi alma sí. Mi personalidad se pregunta aquello que mi identidad pueda responder. Mi alma es la respuesta que mi yo se interesa por tratar de entender.

Si yo no elegí este mundo ¿qué hago aquí? Si mi yo no determina esas elecciones entonces no soy dueño de casi nada. Las elecciones del alma son las trascendentes, aquellas que se le atribuyen al inconsciente pero que provienen de mucho más profundo. Si esta pregunta fundamental se remite a mi identidad, entonces estaré un poco perdido.

Es claro que por alguna razón estoy acá. Entonces debo haber elegido. Pues nada está determinado en el más allá. Por lo cual, no debo reprocharle nada a nadie. Ser capaz de acordar que la elección remite a una responsabilidad, por más que la quiera evitar. Es una elección mía. Si me pienso como integridad la negación se me escurre de las manos.

Elegí este mundo y no se discute más. No quiero estar cansado para poder pensar las consecuencias que me han traído hasta acá.

Las profundidades dominan las superficies. Las reglas se han hecho de esa manera. Por lo menos en este pequeño mundo que además, dura tan poco. Si piensa que esta vida es una eternidad entonces no se anime a pensar las formas del tiempo del otro lado. Cada segundo es una plenitud, una gota del tiempo. Nuestras agujas del reloj allí marcan el sendero.

Elegí este mundo y ahora no entiendo. Ni las razones ni los motivos. No puedo pensar en las consecuencias y quiero entender las causas de semejante elección. Hecha en otro lado.

Las cosas a la distancia siempre se ven distintas. ¿Será por eso que elegí?

Tampoco está tan mal la elección que hemos realizado. Si pronto todo pasará y estaremos devuelta en el principio. Preparados y casi listos para hacer una nueva elección que nos traiga aquí o nos lleve para otro lado. No es un arrepentimiento y menos una queja. Son ganas de escribir en una tarde lluviosa de domingo, mientras unos se divierten y otros encuentran el camino de regreso. Yo me pregunto por esto. Y trato de llevarlos más allá. Es la esperanza, es la lealtad.

Me hago cargo de lo que he elegido.


Yo no elegí este mundo, pero mi alma sí. Mi personalidad se pregunta aquello que mi identidad pueda responder. Mi alma es la respuesta que mi yo se interesa por tratar de entender.

Si yo no elegí este mundo ¿qué hago aquí? Si mi yo no determina esas elecciones entonces no soy dueño de casi nada. Las elecciones del alma son las trascendentes, aquellas que se le atribuyen al inconsciente pero que provienen de mucho más profundo. Si esta pregunta fundamental se remite a mi identidad, entonces estaré un poco perdido.

Es claro que por alguna razón estoy acá. Entonces debo haber elegido. Pues nada está determinado en el más allá. Por lo cual, no debo reprocharle nada a nadie. Ser capaz de acordar que la elección remite a una responsabilidad, por más que la quiera evitar. Es una elección mía. Si me pienso como integridad la negación se me escurre de las manos.

Elegí este mundo y no se discute más. No quiero estar cansado para poder pensar las consecuencias que me han traído hasta acá.

Las profundidades dominan las superficies. Las reglas se han hecho de esa manera. Por lo menos en este pequeño mundo que además, dura tan poco. Si piensa que esta vida es una eternidad entonces no se anime a pensar las formas del tiempo del otro lado. Cada segundo es una plenitud, una gota del tiempo. Nuestras agujas del reloj allí marcan el sendero.

Elegí este mundo y ahora no entiendo. Ni las razones ni los motivos. No puedo pensar en las consecuencias y quiero entender las causas de semejante elección. Hecha en otro lado.

Las cosas a la distancia siempre se ven distintas. ¿Será por eso que elegí?

Tampoco está tan mal la elección que hemos realizado. Si pronto todo pasará y estaremos devuelta en el principio. Preparados y casi listos para hacer una nueva elección que nos traiga aquí o nos lleve para otro lado. No es un arrepentimiento y menos una queja. Son ganas de escribir en una tarde lluviosa de domingo, mientras unos se divierten y otros encuentran el camino de regreso. Yo me pregunto por esto. Y trato de llevarlos más allá. Es la esperanza, es la lealtad.

Me hago cargo de lo que he elegido.